Autopista Rock
Por: Autopista Rock

Roadrunner 
2016 

Tercer esfuerzo discográfico del sexteto oriundo de Noruega. Un trabajo mejor logrado que sus predecesores en lo que a la orientación musical refiere, con la banda poniendo sobre la mesa sus fuertes influencias del hard rock setentero pero sin perder un ápice en la brutalidad que les ha permitido ganarse un nombre en la escuela del metal en la presente década. 

Contrario a su debut homónimo del 2010 y el posterior “Meir”, Kvelertak registró este álbum en su país de origen. Las dos primeras obras contaron con el apoyo del guitarrista de Converge y reputado productor Kurt Ballou; en esta oportunidad el conjunto optó por la autoproducción en compañía de la ingeniería de Nick Terry (The Libertines, Turbonegro). Este último detalle es bastante importante y evidente en el desarrollo de “Nattesferd”.

El álbum está cantando completamente en noruego así que no es posible pensar en hipotéticas alusiones a algún tema. Básicamente no sabemos sobre qué demonios vocifera el vocalista Erlend Hjelvik en los nueve cortes del trabajo. Con ‘Dendrofil for Yggdrasil’ parte una pieza propia del black metal tradicional, empero sus formas comienzan a mutar pasados unos tres minutos hacía el rock clásico. No hablo de The Beatles o The Doors, un pie en el bajo mundo de Bathory y otro en el relumbrante de Van Halen es lo que se me viene a la cabeza. 

Uno de los mejores temas de la temporada lo encontramos aquí. “1985” cuenta con un riff súper ganchero, propio del rock festivo pero que con el tratamiento de Kvelertak resulta áspero, y pese a sus intenciones de abrazar mayores audiencias no cae en ser un vil sencillo para instalarse en programación radial. 

A nivel general en el disco resalta el tratamiento de las guitarras. No en vano el grupo emplea tres guitarristas que basculan brutalidad, genialidad y un gusto intrínseco por Thin Lizzy, Kiss, Judas Priest y AC/DC. Términos como black n’ roll o death n’ roll han sido pegados a bandas como Entombed o Gorefest en el pasado a fin de emparentar su cruda receta original con esas enormes sombras del rock que hablaba sin desparpajo de chicas lindas, autos veloces y veranos salvajes con 20 años de vida. Este álbum no se aleja de ello, y sin embargo no resultará una sorpresa para los que hayan seguido a Kvelertak previamente. Llanamente han abarcado un mayor campo musical. 

‘Ondskapens Galakse’ es uno de los cortes más fascinantes del disco. La estructura capta al escucha a medida que el riff principal va creciendo y no pierde ese filo en la garganta de Hjelvik. Ese tratamiento retro es palpable en las finales ‘Berserkr’ y ‘Heksebrann’, está última todo un viaje eléctrico de nueve minutos de duración. 

“Nattesferd” ofrece un gusto para aquellos que sin querellas pueden apreciar el metal más agresivo junto al rock pesado que con el tiempo se denominó la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. No es necesario dedicar tanta atención a las pintas de los autores, o el arte del disco —que de por si es algo misterioso— Kvelertak ya venía dando aviso de su buen tono y calidad desde su primer lanzamiento. Esto solo ha sido continuar con su pétreo estilo con un poco de brillantina encima y algunos solos de guitarra para lanzar cohetes. Para estar despiertos emuladores. 

Alejandro Bonilla Carvajal  

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